viernes, 31 de enero de 2014

25 de Agosto (en el tren rumbo a Capital, afuera llueve y se inunda el vagón): Me gusta mucho ver llover, su olor, su ruido, su espíritu. Es como si todo se renovara cuando llueve, el mundo luego de una lluvia no es el mismo que antes. Pero debo ser sincero, creo que es una condición de los melancólicos, o por lo menos hay que ser medio así para que te guste la lluvia, tal vez no…
El punto, es que en un momento, entre los nubarrones, en medio de una lloviznita, se asomó fugaz pero intensamente un rayo de Sol. Alrededor las nubes se anaranjaron como si se ruborizaran enamoradas y un arcoíris (inevitable) sonrió en el cielo.
Nadie más lo vio, todos miran sus pies o sus celulares en este vagón, solo yo lo vi… yo y la Mengana. ¿Cómo lo sé?, porque las Menganas jamás se pierden los actos mágicos del mundo, tienen una alerta que les quema el cuerpo e intuyen cualquier milagro.
Me sonrío de pensar que en ese momento, miramos lo mismo con la Mengana, nuestros ojos estaban clavados en un mismo cielo, una misma magia… dónde quiera que esté, la Mengana miró el cielo y se conmovió.

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