lunes, 27 de enero de 2014


18 de Agosto (en el bar del tío recién llegado tomando un submarino): Anoche soñé con la moza, evidentemente se me ha metido demasiado en la cabeza aunque no lo quiera, intuyo que mi inconsciente no se quiere convencer de lo imposible de esto.
Quiero escribir esto antes de que lo olvide, como suele sucederme con lo que sueño… Ella estaba en un enorme escenario, tocando un instrumento que no lograba distinguir, deduzco que era de viento por la posición. De pie y de perfil miraba un atril muy fijamente, concentrada.
Yo estaba lo suficientemente lejos como para mirarla (o que me mirase) sin que ella (o yo) notara que la veía. Su perfil era tal como la recordaba en la vida real, hermosa, esbelta de cabello lacio, largo, un cuerpo que me da pudor describir, debo decirlo, un cuerpo realmente bello. Pero además estoy seguro de que también podía ver la mirada que le profería a las partituras!, una mirada llena de convicción, de amor, de decisión, de desafío, una mirada de saber secretos, mirada de algunas decepciones, pero de juramentos… y yo la miraba con ojos de admiración, así como miran las Menganas cuando algo les resulta áureo y puro.
Entonces en un momento del sueño ella habla, y yo la oigo como si la tuviera al lado. Ella dijo: “me gusta lo que escribís... eso, está muy bien”. Luego caminó por un lado del escenario y desapareció, volvió a aparecer a unos metros míos y sin mirarme se dirigó a un muchacho con un auricular en el oído y se fueron juntos.
Ahora que estoy despierto y escribo esto recuerdo algo que me dijo la Mengana “yo sé que lo re intentas Claudio, pero el amor no tiene nada que ver con ésto y eso es lo sorprendente, eso es lo aterrador, de todas formas nunca dejes de escribir, nunca dejes de intentarlo... pero no esperes nada más que tu propia satisfacción por el simple ehco de hacerlo.”
No deja de sorprenderme. No receurdo a la Mengana, no recuerdo dónde vive, pero recuerdo cada palabra que salió de su boca, como si ella hubiera vivido en mi mente desde siempre.

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