lunes, 20 de enero de 2014

13 de Agosto (en la banca de una plaza en Belgrano): Estoy agitado, pero más por mi mente que por mi cuerpo. Caminando por Cabildo yendo a una librería que frecuento me crucé con la moza. Me crucé quiere decir que pasó medio por al lado mío, entre la multitud ni me vió, yo la reconocí y me quedé anonadado, entré en pánico básicamente. Me detuve y me di vuelta para verla, era ella que seguía caminando, me puse a pensar que tenía que seguirla y decirle algo, ¿pero qué?. No sé hacer esas cosas y mi fobia me hacía sentir que había más gente de la que había y si la seguía tendría que nadar entre una multitud de personas, en las cuales me ahogaría y nunca la encontraría. Comencé a caminar tras de ella muy despacio y lejos como para no dejar de verla, me costaba mucho por la cantidad de gente que no era tanta como en mi fantasía pero eran. Caminaba temblando, sudando, sabiendo en el fondo que la seguiría eternamente sin decirle nada, no sabía a dónde iba todo esto… comencé a pensar muy fuerte, “mírame”, “date vuelta y mírame” pero era claro que no poseía ni un poco de sugestión mental.
De pronto como si mi mente se extrapolara de mi cuerpo, me ví en esta patética situación y comencé a preguntar qué pretendía con todo aquello. Supongamos que la alcanzo, que le hablo, que nos conocemos... ¿qué es lo que busco con todo ésto?, ¿que me quiera?, ¿me querría?.
Me puse a pensar lo que tengo a favor, que podría enamorar a una persona, no son muchas, creo que es una sola. Lo único que sabría darle es todo ésto, lo que escribo.
Me puse a pensar que podría enamorar a una mujer con lo que escribo pero que ella no se enamoraría de mí... y eso me pondría triste.
Es lindo que se enamoren de tus palabras, pero más lindo que se enamoren de uno...
Simplemente me detuve y la vi alejarse y perderse. Me vine a esta plaza pensando que tomé una buena desición, la moza nunca me hubiera aceptado, mejor sigo hasta la librería, como decía Menagana... “respetá el amor del otro y sé paciente Claudio”.

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