jueves, 27 de marzo de 2014

12 de septiembre en el patio de la casa de mi madre (ya se ven algunas flores): Mamá fue a la puerta a ver quién tocaba, por lo que escucho es Haide, la vecina, entablando charla. Me parece bien que mi madre hable con los vecinos, ya que yo no la veo mucho, se las arregla bien sin mí, lamentablemente no saqué su capacidad de socializar.
Me pongo a escribir porque es lo único que tengo ganas de hacer, contar lo que estoy sintiendo en este momento.
No es mucho lo que voy a decir, veo el jardín que empieza a recuperarse del invierno y siento que me está ganando, ojalá yo me recuperara tan bien como el jardín de mi madre del invierno, de mi invierno.
Nunca pasé la primavera con la Mengana, ella me había pedido una vez que fuéramos al mueso Larreta en Primavera, porque el lugar era hermoso, lo habíamos visitado un otoño juntos nada más.
No podré cumplir esa promesa, otra vez, no sé si a la Mengana le importará eso... yo creo que las Menganas en primavera se vuelven flores, pero no de florero o de ramos, esas se ven lindas pero en realidad están muertas... sino que sería flor de maceta, de jardín, de las que crecen donde se necesite vida.
Mi Mengana debe ser una Camelia, de las que ella amaba... debe estar en el jardín más hermoso del mundo esperando el próximo invierno para volver a ser una mujer.

miércoles, 26 de marzo de 2014


2 de septiembre (casi primavera, sentado en una banca de parque Lezama): Volví a soñar con la moza, nuevamente ella tocaba en una orquesta. Miraba atentamente la partitura, cuidadosamente al director. Yo estaba en un gran estadio cuidando, no era uno de los espectadores, y sólo observaba de reojo el escenario.
La orquesta conmovía al público, lo notaba porque mi labor era verlos. En un momento giro la cabeza y veo que la orquesta ya no estaba, seguía sonando invisible... pero ya no estaba, sólo veía a la moza sentada en su silla, tocando su instrumento como si nadie hubiera desaparecido. De hecho creo que nadie notó que la orquesta se había ido, me parecía que todos podían ver algo que yo no, mis ojos sólo podían verla a ella.
No pude evitar conmoverme, y comencé a llorar de manera incontrolable, pero no era la emoción, eran tristes lágrimas. Se sentían frías como la angustia, como la soledad de un niño, como el primer llanto, la primera presencia de la muerte, del dolor. Mis lágrimas eran por saber que la moza era inalcanzable, que me emocionaba su belleza, su música, su pasión. Que podría tocarla, hacerla reír, saber su nombre, su huella, su historia, pero nunca llegaría a tocar su corazón de la manera que se tocan los que se aman.
Esa certeza de soledad, de saber que por más que lo intente, por más maravilloso que fuera, nada de eso alcanzaría para merecer su beso, su cuerpo desnudo, su amanecer, su mano en la calle… me rompió el alma, por supuesto sin dejar de conmoverme el corazón la gratitud de conocerla.
Entonces fue cuando la orquesta terminó y ella también desapareció, en su lugar apareció la Mengana en el centro del escenario y caminó lento hasta donde me encontraba, me invitó a sentarme en una butaca y tocando mi cabeza me dijo: “Claudio, dejá de ser tan cruel… recordá que el amor es como la magia, no trates de entenderlo, disfruta de su misterio. Y al igual que la magia, te deja un vacío cunado termina, pero siempre reaparece de golpe y sin que lo llames... paciencia Claudio, el amor verdadero es el amor que vos te tengas, no el que te den.”
No supe si era un consuelo o un reproche, las Menganas generan ambigüedades, sobre todo porque no somos tan duchos en los misterios del alma como ellas.
Me desperté pensando que cuando sueño con la Mengana recuerdo bien mis sueños y también que, al fin y al cabo, cuando una Mengana te quiere, es como tener todo el amor del mundo

viernes, 31 de enero de 2014

25 de Agosto (en el tren rumbo a Capital, afuera llueve y se inunda el vagón): Me gusta mucho ver llover, su olor, su ruido, su espíritu. Es como si todo se renovara cuando llueve, el mundo luego de una lluvia no es el mismo que antes. Pero debo ser sincero, creo que es una condición de los melancólicos, o por lo menos hay que ser medio así para que te guste la lluvia, tal vez no…
El punto, es que en un momento, entre los nubarrones, en medio de una lloviznita, se asomó fugaz pero intensamente un rayo de Sol. Alrededor las nubes se anaranjaron como si se ruborizaran enamoradas y un arcoíris (inevitable) sonrió en el cielo.
Nadie más lo vio, todos miran sus pies o sus celulares en este vagón, solo yo lo vi… yo y la Mengana. ¿Cómo lo sé?, porque las Menganas jamás se pierden los actos mágicos del mundo, tienen una alerta que les quema el cuerpo e intuyen cualquier milagro.
Me sonrío de pensar que en ese momento, miramos lo mismo con la Mengana, nuestros ojos estaban clavados en un mismo cielo, una misma magia… dónde quiera que esté, la Mengana miró el cielo y se conmovió.

lunes, 27 de enero de 2014


18 de Agosto (en el bar del tío recién llegado tomando un submarino): Anoche soñé con la moza, evidentemente se me ha metido demasiado en la cabeza aunque no lo quiera, intuyo que mi inconsciente no se quiere convencer de lo imposible de esto.
Quiero escribir esto antes de que lo olvide, como suele sucederme con lo que sueño… Ella estaba en un enorme escenario, tocando un instrumento que no lograba distinguir, deduzco que era de viento por la posición. De pie y de perfil miraba un atril muy fijamente, concentrada.
Yo estaba lo suficientemente lejos como para mirarla (o que me mirase) sin que ella (o yo) notara que la veía. Su perfil era tal como la recordaba en la vida real, hermosa, esbelta de cabello lacio, largo, un cuerpo que me da pudor describir, debo decirlo, un cuerpo realmente bello. Pero además estoy seguro de que también podía ver la mirada que le profería a las partituras!, una mirada llena de convicción, de amor, de decisión, de desafío, una mirada de saber secretos, mirada de algunas decepciones, pero de juramentos… y yo la miraba con ojos de admiración, así como miran las Menganas cuando algo les resulta áureo y puro.
Entonces en un momento del sueño ella habla, y yo la oigo como si la tuviera al lado. Ella dijo: “me gusta lo que escribís... eso, está muy bien”. Luego caminó por un lado del escenario y desapareció, volvió a aparecer a unos metros míos y sin mirarme se dirigó a un muchacho con un auricular en el oído y se fueron juntos.
Ahora que estoy despierto y escribo esto recuerdo algo que me dijo la Mengana “yo sé que lo re intentas Claudio, pero el amor no tiene nada que ver con ésto y eso es lo sorprendente, eso es lo aterrador, de todas formas nunca dejes de escribir, nunca dejes de intentarlo... pero no esperes nada más que tu propia satisfacción por el simple ehco de hacerlo.”
No deja de sorprenderme. No receurdo a la Mengana, no recuerdo dónde vive, pero recuerdo cada palabra que salió de su boca, como si ella hubiera vivido en mi mente desde siempre.

lunes, 20 de enero de 2014

13 de Agosto (en la banca de una plaza en Belgrano): Estoy agitado, pero más por mi mente que por mi cuerpo. Caminando por Cabildo yendo a una librería que frecuento me crucé con la moza. Me crucé quiere decir que pasó medio por al lado mío, entre la multitud ni me vió, yo la reconocí y me quedé anonadado, entré en pánico básicamente. Me detuve y me di vuelta para verla, era ella que seguía caminando, me puse a pensar que tenía que seguirla y decirle algo, ¿pero qué?. No sé hacer esas cosas y mi fobia me hacía sentir que había más gente de la que había y si la seguía tendría que nadar entre una multitud de personas, en las cuales me ahogaría y nunca la encontraría. Comencé a caminar tras de ella muy despacio y lejos como para no dejar de verla, me costaba mucho por la cantidad de gente que no era tanta como en mi fantasía pero eran. Caminaba temblando, sudando, sabiendo en el fondo que la seguiría eternamente sin decirle nada, no sabía a dónde iba todo esto… comencé a pensar muy fuerte, “mírame”, “date vuelta y mírame” pero era claro que no poseía ni un poco de sugestión mental.
De pronto como si mi mente se extrapolara de mi cuerpo, me ví en esta patética situación y comencé a preguntar qué pretendía con todo aquello. Supongamos que la alcanzo, que le hablo, que nos conocemos... ¿qué es lo que busco con todo ésto?, ¿que me quiera?, ¿me querría?.
Me puse a pensar lo que tengo a favor, que podría enamorar a una persona, no son muchas, creo que es una sola. Lo único que sabría darle es todo ésto, lo que escribo.
Me puse a pensar que podría enamorar a una mujer con lo que escribo pero que ella no se enamoraría de mí... y eso me pondría triste.
Es lindo que se enamoren de tus palabras, pero más lindo que se enamoren de uno...
Simplemente me detuve y la vi alejarse y perderse. Me vine a esta plaza pensando que tomé una buena desición, la moza nunca me hubiera aceptado, mejor sigo hasta la librería, como decía Menagana... “respetá el amor del otro y sé paciente Claudio”.

martes, 14 de enero de 2014

6 de agosto (en el 71 de madrugada por la Capital): Es muy tarde, no sé por qué siempre me quedo hasta tan tarde, el regreso a casa es largo... será que no tengo nada para hacer que me quedo siempre en otros lados tanto tiempo? me asustará la soledad de mi casa?...
No quiero hablar de ésto, ya conozco esa respuesta... quería decir otra cosa. Vi algo que llamó mi atención mientras esperaba el bondi, un globo solitario que deambulaba por la calle Sarmiento.
No parecía un globo perdido, un globo olvidado o soltado por algún niño, algún hilo gastado.... era la imagen misma de la melancolía, la soledad, un ser que ya no volaba, a duras penas se dejaba llevar por el viento siempre muy al ras del suelo, casi que le veía un rostro triste, una mirada apagada, una boca cerrada.
Yo estaba sentado en el cordón de la vereda, el globo pasó por atrás mío indiferente y sin mirarme, sentí mucha tristeza por él, y a la vez muy identificado... sentí que era un símbolo de algo más importante, una respuesta de alguna pregunta que ya había olvidado.
Entonces miré al cielo y vi la Luna, brillante y pálida, completa junto a un edificio y pensé, que tal vez, ella lo miraba al globo, de reojo sin que éste lo notara... tal vez el globo le había declarado su amor a la Luna y ella lo rechazó, aludiendo que su amor es otro, mucho más grande, su amor es el Sol , que han estado desde siempre y que su pobre amarillo de latex no es comparación, entonces el globo hoy pasea en soledad por las noches porteñas huyendo de las alturas del Universo escapando de la mirada de la Luna...
Qué diría Mengana?... que quizás la Luna lo amaba y no tenía coraje... o tal vez, eso digo yo...
Ya tengo que bajar.

lunes, 6 de enero de 2014

30 de julio (en la cocina sintiendo el invierno): Hay algo del invierno que me gusta y es que pareciera que el frío detuviera todo… el tiempo, la vida, la gente… todo queda  estático. La vorágine de la vida, de mi vida, mis pensamientos, es un poco abrumadora, es lindo verlos detenidos, es como ver el mundo por fuera por un rato.
Sin embargo también fue durante el invierno que la Mengana se fue… o eso tengo entendido, y es por eso que pensaba en el invierno. Pensaba en un copo de nieve, la cual no conozco y recuerdo algo que me dijo la Mengana sobre las cosas que no se conocen…
“Las cosas que desconocemos, nos fascinan o nos aterran, y a la vez nos fascinan y nos aterran. Esto es fácil de pensar ¿no?... pero pienso que lo que no conocemos son en realidad las cosas que olvidamos. No conozco la China porque me olvidé el color de su cielo cuando atardece en las tardes de otoño, no te conozco Claudio, porque olvidé tu dulce perseverancia. ¿Ves?, no es que no nos conocemos, solo nos olvidamos el uno del otro. ¿Sabes que quiere decir eso?...”
Recuerdo que nunca le respondí y que ella jamás respondió a su pregunta, sólo sonrió y siguió mirando la televisión como suele hacer una Mengana cuando habla profundamente.
No es que no conozco la nieve, sólo me olvidé como era… espero nunca olvidar a mi Mengana y así conocerla toda mi vida.

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